REPARAR EL BARCO EN MEDIO DEL OCÉANO
Nunca he hablado directamente
sobre la infidelidad con una pareja real. Y si lo he hecho ha sido con parejas
difusas, y con mucho miedo, no en un diálogo abierto y respetuoso, escuchando
la opinión del otro, empatizando, y dejando que mis palabras fluyeran desde el corazón, como estoy
haciendo ahora, sin miedo a sentirme juzgada. Si lo he hecho ha sido con la
seguridad de sentirme juzgada, y con miedo a que el que tenía delante me echase
en cara que mis sentimientos no eran válidos, o acabara yo cediendo a sus
acuerdos y modo de ver las relaciones, y la infidelidad.
¿Que mi amado chatee con otra
chica, le envíe fotos de lo que está cenando, y le envíe las mismas fotos que a
mí de la chimenea de su casa un domingo por la noche; es infidelidad? No, si no
se ha hablado anteriomente de los acuerdos a los que mutuamente queremos
llegar. No si uno de ellos, en este caso, yo, no ha reflexionado sobre lo que
acepta y lo que no, y si, al verse de frente ante esa realidad, vivida con el dolor
de una traición, se cree que es ella la que tiene que cambiar, la que tiene que
desmontar sus paradigmas sobre fidelidad, porque están ya obsoletos y son
cerrados, o porque cree que si no se adapta a los valores de él, lo va a
perder.
Y sí, creo que le hubiera acabado
perdiendo. Y sí, en realidad yo jugué sucio porque le hice creer que me
aposentaba en unos valores que no eran míos, le hice creer que teníamos los
mismos acuerdos. Implícitamente.
Pero la verdad es que no era así.
Y la verdad es que decidí darle
todo lo que él quería, no molestarle, no incomodarle, no hacerle resquebrajarse
ni un ápice su cimiento de valores, con tal de que se sintiera tan feliz a mi
lado, que se sintiera el hombre más afortundado del mundo, que creyera haber encontrado
a la mujer de sus sueños, pero ¿de verdad, hasta cuándo creía que iba a poder fingir
yo algo así? En el fondo, ¿creía que podía repara el barco en medio del océano?
No, estaba claro que iba acabar saliendo todo a la luz, porque afortunadamente,
la vida es más fuerte que yo, y sin saberlo, mi inconsciente iba haciendo su
trabajo. ¿que tan poderosa me creo? ¿Exceso de confianza? ¿fantasía de
omnipotencia?
Cuando fuimos a Marruecos y vi,
delante mío, exactamente a la mujer que yo quería ser para él y que ella no tenía que hacer nada más que
ser ella misma, me derrumbé. En aquel momento fui muy infeliz, pero poco a
poco, gracias a la reflexión, a la calma para pensar, y al buen acompañamiento terapéutico,
me dí cuenta que tenía que estar muy agradecida a esa chica palo, alegre y
vivaraz, actriz, bailarina, payasa y meditadora yóguica con un suelo pélvico de
muerte, de que se hubiera puesto en mi camino.
Cuando delante de la hoguera, en
una de las cenas más románticas que pasé con él en nuestro último mes, cuando
yo, para poder sostener aquella situación, había decidido verlo como un “follamigo”
para que no me sentaran mal sus idas y venidas, sus quedadas con amigas y sus
fines de semana en curso o de fiesta... allí, después de hablar de todo el
mundo, de nuestros amigos y de las relaciones de otros... cuando le pregunté ¿y
nosotros, qué? Y bueno, él dijo que estaba super cómodo y tranquilo, y que
mientras estuviera así, seguiría todo como hasta ahora. Y que si algo cambiaba
pues ... así se quedó. Esa noche luego no me podía dormir, y tampoco fui
sincera con él.
Y ahí viene la gran pregunta.
¿qué pasa si los sentimientos cambian?, ¿qué pasa si uno de los dos siente algo
diferente, o siente deseo hacia otra persona, o no le apetece estar con quien
es su pareja? Mis conclusiones, mis ideas, mi paradigma, mis valores, se
acercan a la idea de que depende de la relación.
Si previamente la pareja decide
que establecen un compromiso de acuerdos,
no quiere decir que tengan que contarse todo, claro, pero que si llega ese
momento, asumen el compromiso, por mucho que duela o joda, o dé miedo, pavor,
hasta llegar a tener asco de la cagalera que entra, si hay un compromiso de pareja y de futuro, se
asume, por encima de todo, a modo contrato, joder y si no no entres, en que eso
se va a decir, a comunicar y que se va a ser sincero.
Pero no hace falta llegar a ese
compromiso, no hace falta ser ese tipo de pareja, se puede tener una relación
en la que se vive al día a día y cuando uno de los dos decide romper o se enamora
del otro, se hace lo que se puede, no hay un acuerdo de llegar a acuerdos, son
relaciones más unilaterales, no son un trabajo en equipo. Es otro tipo de
relación, no hay ese compromiso. Y eso hay que definirlo previamente, porque si
no nos confundimos. Por eso le llamo relaciones difusas.
Yo asumí que eso no iba a pasar, lo
de sentir deseos hacia otras personas, claro, ese es mi error pimordial, mi
base de novela pija america o de película disney, que eso nunca podría pasar, y
que si pasa es porque la pareja ha dejado de quererse. Pero venga va, tendré
que ir haciéndome la idea, poco o a poco, o de repente, qué cojones, de que ésa
es la naturaleza de la humanidad, que irremediablemente nos vamos a sentir
deseados y deseosos de otras personas, y que, bien mirado, es bonito, es excitante,
es estar vivo, y por mucho que me duela o me arda por dentro, es así. Y si hoy
en día sólo de pensarlo me veo como una niña triste y abandonada es porque es
una idea nueva en mi a la que me tendré que ir haciendo a ella poco a poco, o
desde ya , que cojones, pero una vez me ponga esos zapatos, no quitármelos
porque si no, no acaba de hacerse el callo. Si por mi fuera, preferiría no
tener que asumir esa idea, la verdad, es mucho más cómoda la idea de que nunca
nadie se sentirá atraído por alguien que no sea su pareja, pero joder, mi
experiencia, y eso que a mi me cuesta un poco aceptar la realidad, como a todos
supongo, es que los demás sienten deseos hacia otra persona, y que yo, joder,
yo también siento deseos hacia otras personas cuando estoy en pareja.
Y eso precisamente también ha
hecho confundirme mucho a mí, porque cuando he estado en pareja y he sentido
deseos hacia otras personas me he hecho dudar a mí misma de lo que sentía hacia
mi pareja, creyendo que sentir deseos hacia otros significaba que ya no sentía
desos hacia “el mío”. Pero vamos, aquí se me abren mil preguntas, porque es
verdad que el deseo hacia tu pareja se puede ir perdiendo, y se va perdiendo,
de hecho, y poco a poco llego a la conclusión de que precismanete una de las cosas que hacen perder el deseo
es precisamente no hablar, con una mano en el corazón y la otra en los
ovarios/huevos, sobre la renovación de los acuerdos cuando hay cambios en las
personas individuales.
Te enamoras de alguien y alguien
se enamora de tí y tienes miedo a cambiar por si el otro deja de estar enamorado
de tí, y precisamente ese miedo al cambio es lo que provoca quqe se pierda el
deseo, porque poco a poco la otra persona va perdiendo el asombro hacia tí. Te quedas
solidificado en la imagen que mostraste, que fue la que le gustó, para que eso
no cambie y en realidad eso es lo que acaba destruyendo la pareja. Y lo más
jodido de todo es que, por dentro, irremediablemente, estás cambiando,
irremediablenete la vida sigue dentro de tí, aunque hagas creer que no. Rompiedno
esa capa de sal que se va formando alrededor de cada persona, es como nos
hacemos grandes, y claro, como nos dejamos ver. Y sí, la verdad, asumámoslo, si
los valores, los intereses, los deseos, de una persona no son compatibles con
los de la persona que se tiene delante, y que siguen por dentro, y aunque por
fuera no se vean, acaban saliendo por resquicios de sal que se quedan abiertos.
En algunos casos, la vida real sale por abajo, entra al suelo y, un metro más
al lado vuelve a contruirse otra persona, llena de todo lo que había dentro de
la estatua de sal, que ahora se ha quedado vacía porque su interior se ha mudado.
La persona que sigue estando enfrente de esa estatua, de repente la siente
vacía y fría, pues claro, ya no hay nada dentro, y sí, una palmadita y de
desmorona. ¿Quién miente aquí, quién es traicionado? La persona que está
delante de una estatua de sal vacía sigue sintiendo deseos hacia Ias otras
personas, como siempre, pero esos deseos son calientes y están vivos, porque
todavía no ha creado capa de sal anti-rechazo (que en relidad es pro-rechazo) y
el calor atrae a la materia, así que ese calor va haciendose más grande. Y puede
ser, y es, de echo, que esa misma persona, enfrentada a una estatua de sal, más
o menos vacía, o más o menos independiente de su exterior, también, seguro, irremediablemente
en este modelo de incomunicación, también ha ido forjado su propia capa de sal,
y su propia figura externa, llena de sí mismo.
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