La escuela de mis sueños es un
universo para la infancia. En este lugar cada rincón se ha diseñado para
favorecer el nacimiento de algún descubrimiento. Los niños se mueven por este
escenario atentos a sus necesidades de exploración, ofreciéndose a ellos mismo
la oportunidad de llegar hasta el final de su curiosidad.
En esta escuela los niños sienten
respeto por su individualidad. El bagaje personal de cada uno es el capitán de
la expedición, haciendo de cada viaje un recorrido diferente y único. Los
niños son recibidos con admiración por lo que tienen que ofrecer y ellos acuden
con ilusión de seguir rebuscando en los recónditos de sus almas y del mundo en
el que viven.
Así es como se aprende en la
escuela de mis sueños. Las verdades sobre el mundo no se revelan, no se
describen y se otorgan. Los niños las encuentran. El aprendizaje son los
descubrimientos que los niños hacen del mundo gracias a estar en la escuela.
Las relaciones que se dan en la
escuela pasan a ser una herramienta para este descubrimiento, ya que los niños,
convivientes de un mismo escenario, se descubren así mismos mirándose en los
demás. Estos hallazgos se van integrando en su persona y forman una parte fundamental
en su modo de seguir conociendo el mundo. En este contexto de comunicación
los mensajes y los canales se miman y protegen para que todos vivan sus
relaciones desde el respeto y la seguridad.
Los adultos en esta escuela
permanecen atentos a los deseos de saber de los niños. Observan con
minuciosidad y se ponen al servicio de los movimientos que producen este anhelo.
La relación con los adultos es para los niños un recurso más al que acudir para
seguir creando sus puentes hacia la verdad que exploran.
Veo en mis sueños esta escuela al
servicio de los niños y cada día, un poquito más, puedo quedarme despierta para
seguir viéndola. ¡POR UNA ESCUELA PÚBLICA DIFERENTE YA!
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