Voy buscando la carta donde mi madre dice quién es mi padre biológico. Esa carta existe; se la envió mi madre a su hermana mientras estaba en la clínica de reposo. Mi tía vivía en casa de mi abuela por aquel entonces y asegura que nunca la ha tirado. Sólo que no se acuerda dónde la guardó.
He llegado pronto a casa de mi abuela. Me ha dejado las llaves debajo de la alfombra porque ella va a pasar la mañana fuera. Al pasar dentro de la casa caigo en la cuenta que es la primera vez que entro a casa de mi abuela y no hay nadie: primero no está ella para saludarme y segundo, no están ni mis tíos, ni mis primos, nadie; ni siquiera los perros.
La casa parece distinta y me recreo en esa sensación como de entrar a un lugar desconocido. Imaginando que la carta está por ahí, en algún sitio. Como en un videojuego me imagino la carta brillando para mí, pero hasta que no dé con el sitio exacto no la veré.
La habitación de mi tía de soltera actualmente es la habitación de mi prima, que está viviendo en casa de mi abuela con mi tío, que se acaba de quedar viudo, y por lo tanto mi prima huérfana. Así que entro en la habitación.
Sé por mi prima que la habitación está igual que cuando allí vivía de pequeña mi tía. Lo sé porque ese fue uno de los mayores disgustos de mi prima al irse a vivir allí. Lo más probable es que la carta esté dentro del armario bajito de madera con dos puertas que hay al lado del armario empotrado y justo a los pies de la cama. Tiene cerrojo para llave pero sólo con estirar un poco del tirador las puertecitas se abren. Veo cosas de mi prima. Libretas, álbumes de fotos, cajitas, peluches pequeños, algún libro, bolis, Cds… Está casi repleta de papeles la verdad. Lo saco todo poco a poco, no como en las películas, que el que va buscando algo hace saltar todo por los aires a medida que busca. Así es imposible fijase en lo que coges. Yo voy poco a poco, casi metódicamente, clasificando los objetos fuera del armario, en el suelo, a medida que los saco: papeles, libretas, Cds, fotos…
En uno de los rincones del armarito, casi cuando ya llevaba la mitad vacío, encuentro una caja que se nota que no es de mi prima; es más vieja, de un estampado feo; con rosas rosas y un fondo verde. Se nota que la caja había sido forrada así. Es del tamaño de una caja de zapatos. La abro y ahí está la carta. No la he visto aún pero estoy segura. Es como si la viera brillando. Es de mi tía la caja seguro porque hay fotos suyas, cosas antiguas como entradas de cine, recortes de revistas de músicos ya desconocidos, lápices viejos, pendientes sueltos… Una de las cartas tiene a mi madre de remitente: Olivia Céspedes Pardo. Y va dirigida a mi tía: Año 1982.
Ávida de impaciencia pero con tranquilidad en mis manos, la abro y comienzo a leer:
“Querida hermana. ¿Cómo estás? Yo estoy muy bien. Esta mañana he estado viendo la tele y haciendo un poco de gimnasia, ahora estoy esperando a que nos den la merienda y por eso te escribo, porque tengo un rato. Quiero decirte que eres la única persona a la que echo de menos aquí y que me encantaría que vinieras un día a verme. No tengas miedo que esto no está tan mal. Dile a la mamá que te acompañe y buscaremos un hueco para pasear un rato tú y yo a solas. Escucha, no le digas nunca a nadie esto porque pensarán que mi locura viene de ahí: La persona que me hizo este bebé se llama Brat Pitt, es un americano que conocí este verano que venía a España a buscarse la vida como actor. No se lo cuentes a nadie por favor. Estoy muy enamorada de él pero jamás volveré a verlo. Este tiempo en la clínica me vendrá bien para olvidarme de él. Este bebé será el ser más querido del mundo. Espero que puedas hacer de tía con él, me encantaría. Y espero que puedas venir a verme pronto. Te quiere muchísimo tu hermana: Olivia”
Brad Pitt!!! Mierda!!!
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