NO ES PACIENCIA, ES SUMISIÓN
"Paciencia, hija, paciencia.
Y cuando se te acabe la paciencia, entonces tienes que tener más paciencia"
Éste era el mensaje preferido de mi madre, con el que he crecido toda mi infancia y adolescencia, cuando le contaba mis dificultades con las amigas en el colegio o mis dudas con los chicos en verano.
Con el tiempo me hice una experta en paciencia:
Una paciencia infinita con la que llegué a ser capaz de convivir con las personas más conflictivas que me hubiera podido imaginar.
Una paciencia suficiente como para verme dentro de situaciones extremas de maltrato y abuso.
Momentos de conflictos con parejas en los que me sentía culpable por sentir celos o insatisfacción.
Experiencias donde me ponía en último lugar y daba todo lo que tenía a mis amigos, aunque me quedara sin nada.
Llegó un día apareció en la pantalla de mi mente la palabra AGUANTE.
No es paciencia, es aguante, es sumisión, es silencio, es falta de autoestima, es creencia de ser insuficiente, es un pensar fuera de mi.
La paciencia es otra cosa.
La paciencia consiste en saber mantener la calma en los procesos de cambio, confiando en tus posibilidades para llegar donde tú quieres aunque el camino sea largo.
Ahora soy paciente, no sumisa.
Sé lo que quiero y lo que no quiero.
Y no tengo miedo a decirlo y a vivir conforme a ello.
Mamá, no todo vale.
No es paciencia, es sumisión.
Gracias por todo lo que me enseñaste, lo honro y lo admiro.
Yo lo haré diferente.
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